domingo, 2 de octubre de 2011

MENSAJE DE OCTUBRE 2011 DE LAS MAESTRAS VISITANTES


  
Si no dudamos

(Estudie este material y, si es pertinente, analícelo con las hermanas a las que visite. Utilice las preguntas como ayuda para fortalecerlas y para que la Sociedad de Socorro forme parte activa su propia  vida.)

En  el Libro de Mormón leemos acerca de jóvenes ejemplares que fueron sumamente valientes, firmes y fuertes. “Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él” (Alma 53:21). Esos fieles jóvenes rindieron  tributo a sus madres, quienes fueron sus ejemplos y maestras.
Las madres de los guerreros de Helamán vi­vieron en tiempos semejantes a los nuestros; sus circunstancias eran difíciles y peligrosas, y a los jóvenes se les pedía que defendieran la libertad física y espiritual. Hoy día vivimos en un mundo donde “…no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
Los tiempos difíciles piden a gritos padres fuertes y ejemplos que enseñen la verdad que conocían los guerreros de Helamán: “…que si no dudaban, Dios los libraría” (Alma 56:47). El enseñar esta verdad y el ser ejemplos de ella hoy día requiere que estemos alertas. No obstante, no tenemos que temer. Si sabemos quiénes somos y quién es Dios, y si hemos hecho convenios con Él, nosotras, al igual que las madres de esos guerreros, seremos una gran influencia para bien.
Es muy probable que cada uno de los 2.060 guerreros de Helamán haya tenido la influencia de una madre; pero esas madres no actuaron solas. Juntamente con otros hombres y mujeres rectos, esas madres han de haber unido su fe y ejemplo para enseñar el poder de los convenios. Los jóvenes de esos días entendieron el convenio que sus padres habían hecho de no tomar armas de guerra; y aun cuando parecía imposible, un amoroso Padre Celestial abrió el camino para que esos padres cumplieran su convenio y preservaran su libertad (véase Alma 56:5–9). De igual modo, nosotras debemos honrar nuestros convenios a fin de que los niños y los jóvenes —nuestros propios hijos y aquellos que hay en nuestros barrios, ramas, vecindarios y comunidades— comprendan lo que significa guardar los convenios y apoyen el hacerlo.
Cuando honramos nuestros convenios, nuestro Padre Celestial nos puede preparar el camino. Debemos vivir nuestros convenios con precisión. Por ejemplo, podemos ser precisos en orar, en estudiar las Escrituras, en tener una recomendación vigente para el templo, en ves­tir modestamente, en honrar el día de reposo. Si lo hacemos, nuestros hijos sabrán y podrán decir: “…No dudamos que nuestras madres lo sabían” (Alma 56:48).
Las mujeres Santo de los Últimos Días que reconocen que su fortaleza proviene de la ex­piación del Señor no se dan por vencidas du­rante tiempos difíciles y desalentadores. Como personas que guardamos convenios, sobresali­mos en defender, cuidar y proteger a los niños y a los jóvenes para que un día podamos decir de esta nueva generación: “…jamás había visto yo tan grande valor, no, ni aun entre todos” (Alma 56:45).
Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad de Socorro.  


Preguntas para pensar antes de hacer las visitas: ¿Qué puedo hacer?
1. ¿Cómo puedo ayudar a las hermanas que visito a reconocer el poder que tienen para influir en la nueva generación, y a actuar de acuerdo con ese conocimiento?
2. ¿Qué inspiración encontraré en el Libro de Mormón para dar respuesta a los desafíos a los que me  enfrento hoy día?  




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HERMANAS

Un día, una mujer recién casada merendaba en casa de su madre. Hablaban de la vida, del matrimonio, de las responsabilidades y de las obligaciones de la vida adulta.

Pensativa, la madre le dijo a su hija:

“Nunca olvides a tus hermanas. Se volverán cada vez más importantes a medida que vayas envejeciendo. Aunque ames profundamente a tu marido, y a los hijos que iréis teniendo, siempre necesitarás a tus hermanas. Intenta hacer cosas con ellas de vez en cuando y compartir momentos de la vida. No olvides que hermanas significa todas las mujeres: tus amigas, tus hijas, tus compañeras y todas las que forman el grupo femenino de tu familia. Las necesitas.”

¡Menudo consejo, pensaba la hija, pues estoy recién casada, y mi marido y la familia que vamos a crear juntos será sin duda lo que dará todo el significado a mi existencia.

Sin embargo, intentó seguir el consejo de su madre. Guardaba contacto con sus hermanas, y cada año tenía más amigas que el anterior.

Fue pasando el tiempo, y poco a poco se dio cuenta de que su madre había sabido darle el mejor consejo, pues cuando se producían cambios en su vida, sus hermanas se convertían en pilares de gran ayuda.

El tiempo pasa, se va viviendo la vida, la distancia separa, los niños crecen. Los seres queridos van muriendo, los corazones se rompen, y las carreras se terminan.

Pero…las hermanas permanecen, pues ni el tiempo ni la distancia cambian nada. Siempre hay una amiga cerca de ti cuando la necesitas. Cuando tengas que cruzar el valle solitario , habrá mujeres en tu vida que estarán a tu lado para animarte, para orar por ti, para ayudarte, para tomarte en sus brazos.

Amigas, hijas, nueras, nietas, hermanas, cuñadas, madres, abuelas, tías, sobrinas, vecinas, todas bendicen tu vida. El mundo no sería el mismo sin esta complicidad entre mujeres. Nos necesitamos las unas a las otras. (Autora anónima)