jueves, 10 de enero de 2013

MENSAJE DE ENERO 2013 DE LAS MAESTRAS VISITANTES

Obra misional

Los Santos de los Últimos Días son enviados para “obrar en [la viña del Señor] en bien de la salvación de las almas de los hombres” (D. y C. 138:56), lo cual incluye la obra misional. No necesitamos un llamamiento misional formal para compartir el Evangelio. A nuestro alrededor, existen personas cuyas vidas serán bendecidas mediante el Evangelio y, a medida que nos preparemos, el Señor nos utilizará. Las maestras visitantes aceptan sus responsabilidades espirituales y ayudan a “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).
Cuando el profeta José Smith organizó la Sociedad de Socorro en 1842, dijo que las mujeres no sólo debían cuidar de los pobres, sino también salvar almas. Éste sigue siendo nuestro propósito.
“[El Señor] concede un testimonio de la verdad a quienes lo compartirán con los demás”, dijo el presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia. “Más aún, el Señor espera que los miembros de Su Iglesia ‘en todo tiempo [abran la] boca para declarar [Su] evangelio con el son de regocijo’ (D. y C. 28:16)… A veces una sola frase de testimonio puede desencadenar acontecimientos que influyen en la vida de alguien por la eternidad”.


Acerca de nuestra historia

La historia de Olga Kovářová, de la antigua Checoslovaquia, es un ejemplo de nuestra historia de la Sociedad de Socorro sobre la obra misional de un miembro. En 1970, Olga estudiaba un doctorado y anhelaba una vida espiritual más profunda. Se percató de Otakar Vojkůvka, un Santo de los Últimos Días de 75 años. Ella dijo: “Me pareció de setenta y cinco años de edad, pero en su corazón más bien tenía dieciocho años y estaba lleno de gozo. Eso era muy inusual en Checoslovaquia en ese tiempo de cinismo”.
Olga les preguntó a Otakar y a su familia cómo habían hallado gozo. Ellos le presentaron a otros miembros de la Iglesia y le regalaron un ejemplar del Libro de Mormón; ella lo leyó con avidez y muy pronto fue bautizada y confirmada. Desde entonces, Olga ha sido una influencia para bien en un mundo de opresión política y persecución religiosa. Ella sirvió como presidenta de la Sociedad de Socorro de su pequeña rama y ayudó a salvar el alma de los demás al traerlos a Cristo.


¿Qué puedo hacer?

  1. ¿Sigo las impresiones del Espíritu Santo al compartir mi testimonio con las hermanas a las que visito?
  2. ¿Cómo ayudo a las hermanas que están bajo mi cuidado a aprender el Evangelio?



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HERMANAS

Un día, una mujer recién casada merendaba en casa de su madre. Hablaban de la vida, del matrimonio, de las responsabilidades y de las obligaciones de la vida adulta.

Pensativa, la madre le dijo a su hija:

“Nunca olvides a tus hermanas. Se volverán cada vez más importantes a medida que vayas envejeciendo. Aunque ames profundamente a tu marido, y a los hijos que iréis teniendo, siempre necesitarás a tus hermanas. Intenta hacer cosas con ellas de vez en cuando y compartir momentos de la vida. No olvides que hermanas significa todas las mujeres: tus amigas, tus hijas, tus compañeras y todas las que forman el grupo femenino de tu familia. Las necesitas.”

¡Menudo consejo, pensaba la hija, pues estoy recién casada, y mi marido y la familia que vamos a crear juntos será sin duda lo que dará todo el significado a mi existencia.

Sin embargo, intentó seguir el consejo de su madre. Guardaba contacto con sus hermanas, y cada año tenía más amigas que el anterior.

Fue pasando el tiempo, y poco a poco se dio cuenta de que su madre había sabido darle el mejor consejo, pues cuando se producían cambios en su vida, sus hermanas se convertían en pilares de gran ayuda.

El tiempo pasa, se va viviendo la vida, la distancia separa, los niños crecen. Los seres queridos van muriendo, los corazones se rompen, y las carreras se terminan.

Pero…las hermanas permanecen, pues ni el tiempo ni la distancia cambian nada. Siempre hay una amiga cerca de ti cuando la necesitas. Cuando tengas que cruzar el valle solitario , habrá mujeres en tu vida que estarán a tu lado para animarte, para orar por ti, para ayudarte, para tomarte en sus brazos.

Amigas, hijas, nueras, nietas, hermanas, cuñadas, madres, abuelas, tías, sobrinas, vecinas, todas bendicen tu vida. El mundo no sería el mismo sin esta complicidad entre mujeres. Nos necesitamos las unas a las otras. (Autora anónima)