EL CUIDADOR
(Del discurso del Pte. Henry B. Eiring, Conferencia General, Octubre 2012, en la Reunión General de la Sociedad de Socorro)
...Las mujeres de la Iglesia de Jesucristo han avanzado para convertirse en
la sociedad de hermanas que la madre del profeta José Smith, Lucy Mack
Smith, describió con estas palabras:
“Debemos atesorarnos unas a otras,
velar unas por otras, consolarnos unas a otras y adquirir conocimiento a
fin de que todas nos sentemos juntas en el cielo”...
...En
nuestra época, muchas hermanas valientes por todo el mundo han puesto
su fe en acción en cientos de lugares, y en sus corazones y oraciones
hacen la misma pregunta sobre el futuro de sus vidas de servicio (¿Qué más pueden hacer ahora las manos generosas?).
Cada
una de ustedes se halla en un momento particular de su trayectoria a la
vida eterna. Algunas tienen años de experiencia y otras están al
comienzo de su discipulado terrenal. Cada una es única en cuanto a su
historia personal y sus desafíos, pero todas son hermanas e hijas amadas
de nuestro Padre Celestial, quien las conoce y vela por cada una de
ustedes...
...Al
conservar la fe, verán que el Señor las invitará con frecuencia a
servir a alguien necesitado cuando no parezca ser conveniente. Incluso
podrá parecer una tarea desagradable y quizás hasta imposible. Cuando se
presente la ocasión, tal vez parezca que no se las necesite o que otra
persona pueda fácilmente ayudar.
Recuerden
que cuando el Señor nos permite encontrar a alguien afligido, honramos
al buen samaritano tanto por lo que no hizo como por lo que sí hizo. Él
no pasó de largo por otro lado aun cuando el viajero golpeado en el
camino era un extranjero y quizás un enemigo. Él hizo lo que pudo por el
hombre maltratado y luego puso en marcha un plan específico para que
otras personas hicieran más. Hizo eso porque entendía que el ayudar
puede requerir más de lo que una sola persona es capaz de hacer...
...Se envía al Espíritu Santo a ustedes y a quienes ustedes cuidan.
Recibirán fuerza y a la vez serán inspiradas para conocer los límites y
el alcance de su capacidad para servir. El Espíritu las consolará cuando
quizás se pregunten: “¿He hecho suficiente?”.
Testifico que el Señor estará con ustedes y su camino será preparado y
señalado para ustedes por medio de Él, en su servicio hacia las personas
a las que Él ama en sus necesidades y pruebas. En el sagrado nombre de
Jesucristo. Amén.